Radiografía de la infelicidad de los poblanos
Puebla no aparece entre los estados con mejor ánimo del país. La ENBIARE 2025 del INEGI revela un desgaste emocional que va más allá de estar contento o triste durante un día.
La medición analiza el bienestar subjetivo, es decir, cómo evalúan las personas su propia vida. También compara emociones positivas y negativas, como tranquilidad, alegría, preocupación, cansancio o enojo.
Mientras la satisfacción con la vida alcanzó un promedio nacional de 8.62, Puebla volvió a colocarse entre las entidades con menor balance anímico. Con registros cercanos a 5.08, llegó a ocupar el lugar 31 de 32.
Los números resultan menos sorprendentes cuando se mira la rutina de cualquier poblano. Salir de casa significa enfrentar tráfico, transporte deficiente, inseguridad y jornadas que dejan poco tiempo para descansar o convivir.
Miles de habitantes pierden entre dos y tres horas diarias en sus traslados. El crecimiento desordenado y la concentración de empleos en zonas como Angelópolis han convertido la movilidad en una fuente permanente de estrés.
La inseguridad agrega otra carga. No se trata únicamente de sufrir un delito, sino de caminar, manejar o utilizar el transporte público bajo un estado de alerta que impide sentirse tranquilo incluso en actividades cotidianas.
También existe una creciente percepción de frialdad en el trato social. Las prisas, la competencia y el aislamiento urbano han debilitado la cordialidad y las redes de apoyo que ayudan a enfrentar los problemas diarios.
El desarrollo económico tampoco se ha traducido en bienestar para todos. Mientras aparecen nuevos edificios, comercios y complejos habitacionales, numerosos salarios permanecen lejos del costo real de vivir en la zona metropolitana.
La frustración es mayor entre quienes trabajan y aun así no pueden independizarse, comprar una vivienda o construir estabilidad. Para muchos jóvenes, esforzarse más ya no garantiza vivir mejor, sino apenas mantenerse a flote.
La infelicidad poblana no tiene una causa única: es la suma de tiempo perdido, miedo, presión económica y vínculos debilitados. La ENBIARE no retrata una sociedad incapaz de sonreír, sino una que lleva demasiado tiempo viviendo cansada.




