Puebla lidera el huachigás en México
Puebla concentró el 52.5% de las tomas clandestinas de gas LP del país en el primer trimestre del año, impulsando una tendencia nacional al alza y graves riesgos en el ducto Cactus-Tula-Guadalajara.

Puebla se ha consolidado como el epicentro absoluto de la extracción ilegal de gas Licuado de Petróleo (gas LP) en territorio nacional. Durante el primer trimestre del año, la entidad registró 157 perforaciones ilegales en gasoductos, lo que equivale a la apertura de una toma clandestina cada 13 horas con 57 minutos, de acuerdo con el informe del Observatorio Ciudadano IGAVIM. Esta cifra representa un repunte del 35.3% en comparación con las 116 tomas detectadas en el mismo periodo del año anterior.
La dimensión del problema coloca a Puebla a la cabeza de la estadística delictiva energética, al acaparar por sí sola el 52.51% del total nacional. El mapa del huachigás mantiene una altísima concentración territorial en tres entidades principales:
- Puebla: 157 tomas clandestinas (52.51% del total nacional).
- Estado de México: 79 tomas clandestinas (crecimiento interanual del 43.6%).
- Veracruz: 23 tomas clandestinas (incremento interanual del 35.2%).
A nivel nacional se contabilizaron 299 tomas clandestinas entre enero y marzo, lo que significa que en México se perfora ilegalmente un ducto de gas LP cada 7 horas con 19 minutos. La progresión mensual del trimestre reflejó una curva ascendente (96 en enero, 91 en febrero y 112 en marzo), aunque el volumen total se mantuvo por debajo del récord histórico de 401 tomas registrado en el cuarto trimestre de 2025.
El impacto operativo de este delito se resiente de manera directa en el gasoducto Cactus-Tula-Guadalajara, una de las arterias más críticas para el transporte de gas LP en el país. De acuerdo con Susana Cazorla, directora de la consultora SICEnrgy, las constantes perforaciones clandestinas provocan paros operativos recurrentes debido a caídas repentinas en la presión del sistema. Cada hallazgo obliga a Pemex a aislar y detener el flujo por secciones para reparar el daño, generando un problema permanente donde las tomas simplemente se desplazan de municipio conforme se incrementa la vigilancia en ciertos tramos.
Más allá de las pérdidas económicas y el desabasto, el huachigás representa una amenaza crítica de seguridad pública e industrial para las comunidades aledañas a la infraestructura. En el estado de Puebla, los riesgos se materializaron en eventos graves durante el mes de junio:
- Tepeaca: La explosión de cuatro pipas de gas LP en predios clandestinos dedicados al trasiego y almacenamiento ilegal puso en peligro directo a más de 2,000 personas.
- San Matías Tlalancaleca: Una fuga masiva originada por una toma clandestina en un gasoducto obligó al desalojo de emergencia de 120 pobladores.
Ante la recurrencia de estos eventos, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) insta a la población a reportar señales de alerta como olores intensos a mercaptano, silbidos en la tubería, nubes de evaporación o parches de vegetación muerta sobre la franja de los ductos.
A pesar de que Pemex cuenta con el sistema de monitoreo SCADA para rastrear caídas de presión en tiempo real, el combate al huachigás enfrenta severos cuellos de botella operativos en campo. Especialistas señalan que la vigilancia resulta insuficiente frente a la estructura del crimen organizado. El personal técnico y de supervisión no puede poner en riesgo su vida en zonas de alto riesgo, y en múltiples casos los grupos delictivos emplean escudos sociales utilizando a familias de la comunidad. Esta combinación de crimen organizado, escasa fuerza de contención y limitaciones en el uso de tecnología de rastreo explica por qué las tomas clandestinas siguen migrando y manteniendo niveles elevados en el centro del país.



