Editorial: Las benditas fotos

En política, la forma es fondo. Las cercanías, los lugares asignados y hasta las distancias dentro de una fotografía suelen anticipar definiciones mucho antes de que sean pronunciadas.
El crecimiento de Gaby “La Bonita” Sánchez ya no sorprende. Lo verdaderamente inesperado sería que dejara de avanzar, algo que, por ahora, no parece ocurrir, aunque algunas plumas se empeñen en negar lo evidente.
La muestra más reciente apareció durante el encuentro del gobernador Alejandro Armenta con liderazgos magisteriales. Por trayectoria y pertenencia al sector, cualquiera habría imaginado a Laura Artemisa García como figura central.
Pero llegaron las fotos, las benditas fotos, y contaron otra historia.
Gaby Sánchez, sin ser maestra, apareció en medio de los representantes del magisterio. Cercana, arropada y buscada por liderazgos que conocen perfectamente el peso político de cada lugar ocupado frente a la cámara.
En la segunda imagen, “La Bonita” volvió a colocarse cerca del gobernador. Laura Artemisa, en cambio, quedó apartada de los dirigentes magisteriales y lejos del centro político de la fotografía.
Una imagen aislada puede ser casualidad. Dos imágenes que repiten el mismo mensaje comienzan a parecer una señal. No dictan todavía una candidatura, pero sí muestran quién gana espacio y quién empieza a perder centralidad.
Laura Artemisa luce fuera del foco, lejos de los reflectores y con la impresión de comenzar a resignarse ante una batalla que, por ahora, parece inclinada hacia otro lado.
Gaby ya no parece competir con la maestra. Su rival estaría en otra oficina: despacha en Palacio Municipal.
Y si hoy se compara a “La Bonita” con el inquilino del Charlie Hall, quizá el único rubro en el que todavía aparece abajo es en los negativos.
Porque las candidaturas no se anuncian primero con palabras. Antes llegan los gestos, las cercanías y, por supuesto, las benditas fotos.
Al tiempo.



