Cinturón de Fuego: la zona sísmica que mantiene en alerta al Pacífico

Los recientes terremotos registrados en distintos puntos del planeta, incluido el de magnitud 7.4 en Colombia, volvieron a colocar bajo la mirada pública al llamado Cinturón de Fuego del Pacífico.
Se trata de una franja de aproximadamente 40 mil kilómetros con forma de herradura. Recorre la costa occidental de América, atraviesa Alaska y continúa por Rusia, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda. NOAA
Su nombre no corresponde a una sola falla ni a una estructura completamente conectada. Es un conjunto de límites tectónicos, fosas oceánicas, cadenas volcánicas y zonas con alta actividad sísmica.
En esta región interactúan placas como la de Nazca, Cocos, Norteamérica y el Pacífico, entre otras. Sus movimientos son lentos, pero capaces de acumular enormes cantidades de energía durante décadas o siglos.
Uno de los procesos más importantes es la subducción, que ocurre cuando una placa se hunde debajo de otra. La presión deforma las rocas hasta que estas se rompen o desplazan y liberan energía en forma de ondas sísmicas.
Alrededor del 90 por ciento de los terremotos del mundo ocurre en esta franja, donde también se localiza buena parte de los volcanes activos. Por ello es considerada la zona sísmica y volcánica más activa del planeta. USGS
Cuando Japón, Perú, México o Colombia registran movimientos relevantes con pocos días de diferencia, surge la percepción de que el cinturón se “activó”. La cercanía temporal, sin embargo, no demuestra una reacción en cadena.
El USGS reconoce que un terremoto grande puede modificar temporalmente esfuerzos y detonar actividad en fallas lejanas ya vulnerables. Este fenómeno existe, pero generalmente produce sismos pequeños y no implica un contagio alrededor del Pacífico. USGS
Cada movimiento debe analizarse según su epicentro, profundidad y falla de origen. Tampoco existe hasta ahora un método científicamente comprobado para anticipar con exactitud el lugar, fecha y magnitud de un terremoto. Servicio Geológico Colombiano
La reciente seguidilla no prueba una activación general, pero sí recuerda que el riesgo es permanente. Edificaciones resistentes, simulacros, rutas de evacuación y mochilas de emergencia siguen siendo la mejor defensa frente a un fenómeno inevitable.



