Puebla transita entre baches: las calles que el gobierno de Chedraui no logra componer
Sólo 12% está satisfecho con calles y avenidas en Puebla; pese a 433,950 baches atendidos, persiste una brecha entre cifras oficiales y experiencia ciudadana.

El deterioro de calles y avenidas es uno de los problemas más visibles de Puebla capital bajo el gobierno de José “Pepe” Chedraui. Aunque el Ayuntamiento presume cientos de miles de baches reparados, los indicadores disponibles muestran que la percepción ciudadana sobre el estado de la infraestructura vial sigue siendo marcadamente negativa.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2025, levantada por el INEGI entre octubre y diciembre de ese año, registró que sólo 12% de la población en Puebla estaba satisfecha con el cuidado de calles y avenidas. Es decir, cerca de nueve de cada diez personas expresó inconformidad o no manifestó satisfacción con el estado de la red vial.
El dato coloca a Puebla por debajo del promedio nacional. A escala país, las calles y avenidas fueron el servicio público con peor evaluación, pero incluso en ese escenario la satisfacción alcanzó 23.7%. La diferencia es de 11.7 puntos porcentuales: Puebla tuvo prácticamente la mitad de la satisfacción nacional en un servicio que determina el traslado diario de automovilistas, peatones, ciclistas, motociclistas, transporte público, repartidores y unidades de emergencia.
Sus resultados abarcan los primeros meses de su gobierno municipal y describen la condición urbana que debe atender. A casi dos años del inicio de la gestión, los baches, hundimientos, fracturas y pavimento desgastado continúan como uno de los principales reclamos en colonias, juntas auxiliares y vialidades de la capital.
El gobierno municipal ha respondido con una estrategia de alto volumen. Al 11 de agosto de 2026, el Ayuntamiento reportó 433 mil 950 baches atendidos desde el comienzo de la administración, mediante la campaña Bacheando Puebla. Las labores se realizaron en vialidades primarias y secundarias, así como en colonias, unidades habitacionales, barrios, fraccionamientos y juntas auxiliares, con 25 cuadrillas diarias destinadas a la atención de reportes e intervención de calles.
La cifra oficial es relevante, pero también abre una contradicción que el gobierno debe explicar. Si el programa ha intervenido más de 433 mil baches, ¿por qué la satisfacción por el cuidado de calles sigue en apenas 12%? La respuesta no puede construirse sólo con el total acumulado de reparaciones. Un bache reportado como “atendido” no es necesariamente un bache resuelto de manera duradera; puede ser una reparación temporal, una intervención que se deteriora tras las lluvias o una acción concentrada en determinadas vialidades mientras otras colonias permanecen sin atención.
La calidad importa tanto como el número. Sin información pública desagregada por colonia, tipo de reparación, costo, fecha, cuadrilla y duración de cada intervención, la ciudadanía no puede saber si el presupuesto destinado al mantenimiento vial se traduce en obras resistentes o únicamente en un conteo de acciones. El indicador verdaderamente útil no es sólo cuántos hoyos fueron cubiertos, sino cuántos permanecen reparados después de semanas de lluvias, tráfico pesado y uso cotidiano.
El problema vial también tiene implicaciones económicas y de seguridad. Las calles dañadas incrementan el desgaste de vehículos, elevan el riesgo de accidentes, dificultan la movilidad del transporte público y retrasan traslados para trabajo, escuela, atención médica y actividades comerciales. Cuando una vialidad presenta baches, falta de señalización, coladeras deterioradas o alumbrado insuficiente, el daño deja de ser una molestia aislada y se convierte en una falla de servicios urbanos.
Las cifras de percepción retratan un déficit que no puede minimizarse. Puebla no requiere únicamente operativos de bacheo para responder a una emergencia diaria; necesita mantenimiento preventivo, reconstrucción de tramos colapsados, control de calidad, drenaje funcional y una política de atención que priorice riesgo, movilidad y desigualdad territorial.
El reto de Chedraui no consiste en elevar el número de baches reportados como atendidos. Consiste en que los poblanos puedan circular por calles y avenidas que ya no tengan que repararse cada temporada de lluvias. Hasta que esa diferencia sea visible, el contraste entre los anuncios municipales y la experiencia cotidiana seguirá marcando la discusión sobre el estado de Puebla capital.



