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México se pone serio en el Mundial y grita: “¿Y si sí?”

La lluvia quiso robarse el protagonismo, pero terminó siendo parte de la historia. Una tormenta eléctrica retrasó una hora el México-Ecuador, mientras afuera del Estadio Ciudad de México el aroma a carne asada, tacos de canasta y el humo de los puestos acompañaban la larga espera.

Las tribunas pronto se pintaron de amarillo, verde y rojo con cientos de capas de plástico de 20 pesos. Los más de 80 mil aficionados permanecieron en sus lugares, empapados de pies a cabeza, convencidos de que aquella noche no había tormenta capaz de apagar la ilusión.

Cuando sonó el Himno Nacional, el estadio entero explotó. Las voces retumbaron con la fuerza de cuatro décadas de frustraciones, mientras la lluvia escurría sobre los rostros pintados de verde y convertía el momento en una escena que parecía salida del cine.

Javier Aguirre apostó por un equipo que salió a presionar desde el primer minuto, aunque el primer sobresalto fue mexicano. John Yeboah Zamora estuvo a centímetros de silenciar el estadio con una gran jugada individual que terminó estrellándose en el poste de Raúl Rangel.

Ese aviso despertó al Tri. Al minuto 22, Roberto “Piojo” Alvarado encontró a Julián Quiñones con un pase preciso; el delantero dejó atrás a Pacho con un recorte y colocó el balón en el ángulo para desatar un rugido que superó incluso al de los truenos.

La presión alta volvió a rendir frutos nueve minutos después. Quiñones y Raúl Jiménez construyeron una pared perfecta y el delantero, casi cayéndose por la inercia de la jugada, alcanzó a puntear el balón para vencer a Hernán Galíndez y ampliar la ventaja, además de seguir haciendo historia como goleador del Tri.

Entre tantos nombres consolidados apareció uno que jugó como si llevara años en Mundiales. Con apenas 17 años, Gilberto Mora fue titular, manejó el mediocampo con personalidad y se animó a probar suerte con disparos de media distancia que rozaron el arco ecuatoriano.

El 2-0 convirtió al estadio en una sola voz. El “Cielito Lindo” se escuchó durante varios minutos sin interrupción, mientras los vasos de cerveza volaban con cada despeje de la defensa mexicana y la afición entendía que la maldición estaba cada vez más cerca de terminar.

Las cámaras encontraron entonces una de las imágenes de la noche. Niños abrazados a sus padres lloraban en las tribunas al ver a México ganar un partido de eliminación directa, algo que ellos jamás habían presenciado y que sus familias no celebraban desde 1986.

El cierre todavía guardaba espacio para la polémica. En el tiempo agregado, el VAR intervino para expulsar a Piero Hincapié por insultar a Santiago Giménez ocultando sus palabras con la mano. La frustración ecuatoriana también alcanzó a Kendry Páez y Moisés Caicedo, quienes terminaron amonestados.

Con el silbatazo final, la fiesta abandonó el estadio y tomó las calles. Miles de personas caminaron bajo la llovizna rumbo al Ángel de la Independencia entre claxonazos, banderas gigantes, máscaras de luchador y réplicas artesanales de la Copa del Mundo levantadas por niños sobre los hombros de sus padres.

Gustavo Miron

Periodista con 20 años de experiencia y apasionado por la evolución de los medios. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, ha dedicado su carrera a descifrar la complejidad de la política y la administración pública, sin dejar de lado la pasión de la crónica deportiva. Se define como un profesional en constante aprendizaje, siempre en busca de herramientas tecnológicas de vanguardia para conectar mejor con la audiencia actual.

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