Puebla, bajo la epidemia de los falsos doctores

Las historias parecen sacadas de una serie de crimen, pero ocurrieron en consultorios, clínicas y torres médicas de Puebla. En apenas unos meses, varios casos dejaron ver cómo personas sin preparación médica lograron operar durante años frente a autoridades y pacientes.
El caso más reciente explotó con la muerte de Blanca Adriana Vázquez, una mujer de 37 años que acudió a la llamada Clínica Detox para practicarse una liposucción “exprés”. Lo que prometía ser un procedimiento rápido terminó en una investigación por homicidio.
Detrás del sitio aparecía Diana Alejandra Palafox Romero, quien presuntamente utilizaba redes sociales para promocionar tratamientos estéticos baratos. Para aparentar experiencia, incluso robaba videos de una cirujana peruana y los hacía pasar como propios.
La tragedia escaló cuando el cuerpo de Blanca Adriana fue localizado en un río de Tlaxcala. La clínica quedó asegurada por autoridades ministeriales, mientras la supuesta doctora es buscada por usurpación de funciones y negligencia médica.
Pero Puebla ya había vivido un caso igual de mediático con Marilyn Cote, conocida como “la falsa psiquiatra de Angelópolis”. Desde las Torres Médicas construyó una imagen de especialista internacional con títulos inexistentes y credenciales falsas.
En redes sociales presumía estudios en Harvard y hasta hablaba en distintos idiomas para ganar credibilidad. El problema era mucho más grave: recetaba medicamentos psiquiátricos controlados pese a ser licenciada en Derecho y no médica especialista.
Aunque el escándalo comenzó desde finales de 2024, el proceso continúa abierto. En febrero de 2026 volvió a ser vinculada a proceso por nuevos casos relacionados con usurpación de funciones y permanece en prisión preventiva.
A la par de esos casos apareció otra investigación dentro del propio sistema de salud estatal. La Fiscalía indaga a María Concepción N., quien presuntamente trabajó durante siete años como Química Farmacobióloga sin contar con título profesional.
En 2025 también salió a la luz el caso del llamado “doctor” Tizcareño, señalado por pacientes tras presuntas negligencias en cesáreas y partos. Varias denuncias revelaron que operaba sin la especialidad correspondiente y delegaba procedimientos delicados a asistentes.
El patrón se repite una y otra vez: perfiles impecables en Instagram, promociones atractivas y supuestos especialistas que aprovechan la desesperación de la gente por conseguir atención médica rápida o estética accesible.
En Puebla, el problema dejó de ser un fraude digital para convertirse en un riesgo mortal.



