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Pacto gasolinero se fractura en las calles de Puebla

Pese al discurso oficial de normalidad, la crisis internacional y los precios topados causan desabasto intermitente de combustible en Puebla y problemas logísticos nacionales.

Mientras el Gobierno Federal sostiene que el “pacto gasolinero” sigue firme y niega problemas de suministro, la realidad operativa en las calles de Puebla y en el resto del país cuenta una historia muy diferente. La combinación de tensiones internacionales, rigidez en la política de precios e ineficiencia logística ha comenzado a fracturar el sistema de distribución de combustibles.

En la zona metropolitana de Puebla, la semana cierra con un desabasto parcial que afecta aproximadamente al 15% de las estaciones de servicio. No se trata de un apagón total, sino de un suministro intermitente que impacta principalmente a la gasolina Magna y al Diésel. Los puntos críticos se concentran en el corredor de la Autopista Puebla-México y salidas (Texmelucan/Amozoc) debido a la alta demanda de carga, así como en la periferia norte y la Central de Abasto, donde las franquicias Pemex operan al día por los retrasos en la terminal de almacenamiento de Maravillas.

En contraste, la zona de Angelópolis mantiene mayor estabilidad gracias a marcas privadas, pero exhibe una marcada dispersión de precios.

Para entender este fenómeno local, es indispensable analizar la pinza macroeconómica y los errores de cálculo de la administración federal.

El choque externo: México importa cerca del 70% del combustible que consume. Con la crisis en Medio Oriente, el costo de importación de la gasolina subió 58.6% y el flete marítimo desde EU casi se duplicó.

Precios topados artificialmente: Ante el alza internacional, el gobierno insistió en mantener la Magna topada en 24 pesos y el diésel en 27 pesos mediante un acuerdo “voluntario”. Al pulverizarse el margen de ganancia, el cumplimiento del pacto cayó al 61%; muchos empresarios optaron por reducir pedidos o cerrar estaciones temporalmente bajo la excusa de “mantenimiento” antes que operar a pérdida.

El colapso de las terminales: Pemex registró decenas de interrupciones operativas en sus centros de almacenamiento entre marzo y abril. Para evitar el desabasto absoluto, la estrategia oficial ha sido un sistema de “parches”, quitando combustible a unas regiones para apagar incendios en otras. Puebla sufre hoy el coletazo de ese racionamiento centralizado.

El sector energético se rige por una máxima infalible: el combustible más caro es el que no llega. Sostener un discurso de normalidad política mientras los inventarios caen a niveles críticos y los conductores enfrentan filas intermitentes no frena la realidad económica. Intentar tapar un problema estructural con declaraciones en la mañanera termina por erosionar la credibilidad en el punto más sensible para los ciudadanos y las empresas.

Gabriel Becerra

Gabriel Becerra Dingler es comunicador, mercadólogo y emprendedor mexicano especializado en comunicación estratégica, periodismo y desarrollo de contenidos para los sectores energético, industrial y económico.

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