
Mi ocupación es la docencia y, al llegar la última semana de clases, pensé en proyectar una película a mis alumnos para reflexionar sobre algunos de los temas que acabábamos de estudiar. Como doy clases en los tres grados de secundaria, había elegido tres títulos distintos. Yo ya pago varias plataformas de streaming, por lo que mi sorpresa fue grande al descubrir que ninguna de esas películas estaba disponible en ellas. Es así que para poder acceder a ellas de forma digital (y legal) tuve que sacar una prueba gratuita de siete días de un servicio, contratar un mes de otro y comprar en copia digital el último título de los que quería que mis alumnos vieran. Dado que cada película realmente tenía un propósito específico, no era tan fácil como proyectarles entonces lo que estaba disponible en lo que ya pago. Fue entonces cuando caí en la cuenta de algo incómodo: hoy tenemos menos control sobre lo que vemos de lo que creemos.
Hace apenas unos años, probablemente habría encontrado esas tres películas en Netflix. En ese entonces seguramente muchos sentíamos que el futuro estaba ahí, que a través del internet íbamos a tener acceso a todo y que iba a estar disponible siempre. ¿Para qué seguir comprando películas o música en discos si ya todo parecía estar en internet, sin comerciales y a un costo mucho menor que el de la televisión por cable? Corte. Años después…
No solo casi cada estudio tiene su propio servicio de streaming, sino que en varios de ellos ya hay que pagar más para no tener comerciales, para poder compartir la cuenta con otro hogar y para tener la mejor calidad de audio/video. El mito del streaming es que tenemos acceso a todo. La realidad es que tenemos acceso a aquello por lo que estamos dispuestos a seguir pagando. Incluso, si se compran los títulos de forma digital, podría pensarse que son nuestros para siempre, pero lo que se paga realmente cuando uno paga por esas “compras” es una licencia extendida para poder reproducir el título, el cual puede ser retirado de la biblioteca personal en cuanto los derechos de la plataforma para ofrecerlo venzan.Fue en 2022 cuando en Latinoamérica se detuvo la producción legal de películas en disco. Ahora, si uno quiere comprarlas, debe pedirlas importadas en tiendas como Amazon o buscar si existen tiendas que aún vendan saldos como en Mercado Libre. En los tiempos dorados del DVD era común acudir a un Blockbuster y encontrar miles de títulos de diferentes épocas y países disponibles a la renta. Hoy, si se hace un ejercicio de memoria de aquella película que uno vio de joven en alguna muestra de cine es probable que no haya forma de verla en streaming o digitalmente y lo que se tendría que hacer es comprar un disco usado o importarlo de Estados Unidos o Europa. Los medios físicos no solo dan propiedad perpetua de algo, sino mejor calidad de audio y video y acceso a materiales extras que complementan el visionado de una cinta. El streaming frecuentemente carece de esos extras, depende de la calidad de la conexión a internet y la disponibilidad de los títulos depende de las licencias que se renueven.
Y sin embargo, por más promotor que pueda ser de los formatos físicos, soy realista, pues en la época actual muchos hogares ya no cuentan con reproductores de disco y probablemente paguen unas tres suscripciones de streaming para música y video. Sí, el medio físico no solo da propiedad, sino que proporciona una experiencia; el ritual de leer lo que viene impreso en la caja, sacar y poner el disco, configurar la reproducción con control remoto es algo que yo sigo valorando. Incluso el vinilo sí ha tenido un resurgimiento no porque sea más práctico, sino por la experiencia que provee. Pero hoy vivimos en la época del algoritmo y hay maneras de romperlo.
En primer lugar, busquemos no ver únicamente lo que el servicio nos recomienda en primer lugar. Si se quiere ver una comedia de Jim Carrey o una película de acción con Tom Cruise y no está disponible “gratis” en mi servicio de streaming, probablemente se puede rentar por unos 50 pesos. También está la opción de excavar en el catálogo de cada plataforma y darle oportunidad a ese drama chileno, a ese thriller sudafricano o a esa comedia suiza que anda rondando por ahí. Y también existen plataformas que ofrecen títulos curados por personas, como Mubi o Nuestro Cine MX, a las cuales se puede acceder por un mes o con prueba gratuita. Romper el algoritmo no consiste en abandonar el streaming, sino en recordar que todavía podemos decidir por nosotros mismos qué vale la pena ver, escuchar y conservar.Porque preservar nuestra libertad de elegir qué vemos y escuchamos también es una forma de preservar la cultura.



