Fontaines DC – Romance (2024)

Fontaines DC abandona el post-punk crudo y abraza una ambición panorámica en Romance: producción expansiva, evolución vocal y riesgos estilísticos que dividen pero confirman su crecimiento.
Llegar a Romance es entrar directamente al presente del rock contemporáneo. Si los primeros discos de Fontaines DC capturaban la crudeza del renacimiento post-punk irlandés, este álbum representa algo distinto: una banda que decidió romper con su propio molde antes de convertirse en una caricatura de sí misma.
Desde su debut Dogrel (2019), el grupo de Dublín se ganó la reputación de ser una de las voces más urgentes del post-punk moderno. Sus canciones eran grises, tensas y profundamente urbanas, cargadas de una poesía callejera que Grian Chatten recitaba más que cantaba. Pero en Romance, Fontaines DC da un giro radical, cambian la estética monocromática por una paleta visual neón inspirada en los años 90 y principios de los 2000, y musicalmente apuntan a algo más grande, más expansivo, más cercano al rock de estadio.
La transformación comienza con la voz de Chatten. Si en discos anteriores su estilo era casi declamatorio, aquí se revela como un cantante mucho más versátil de lo que muchos sospechaban. En “Starburster”, su interpretación mezcla ritmo casi hip-hop con tensión nerviosa, mientras que en canciones como “Favourite” o “In the Modern World” se mueve hacia melodías suaves y melancólicas. Esa evolución vocal se convierte en el eje que mantiene cohesionada la experimentación sonora del álbum.
Gran parte de esa expansión se debe también a la producción de James Ford, conocido por su trabajo con Arctic Monkeys, Depeche Mode y Blur. Reemplazar al productor que los acompañó en sus tres primeros discos fue un riesgo importante, pero Ford les ofrece un sonido panorámico que redefine el alcance de la banda. Las guitarras adquieren una textura shoegaze más envolvente, los sintetizadores oscuros añaden profundidad y los arreglos de cuerdas aportan un dramatismo cinematográfico. Canciones como “Sundowner” muestran esta nueva ambición sonora, construyendo paisajes musicales que se sienten más amplios y atmosféricos.
Otro de los grandes méritos de Romance es su audacia estilística. El álbum absorbe influencias del britpop de los 90, del rock alternativo oscuro que popularizaron bandas como The Smashing Pumpkins e incluso del trip-hop. Aun así, el resultado no se siente como una simple colección de referencias. Fontaines DC utiliza estos elementos para ampliar su identidad sin diluirla, logrando su disco más accesible hasta ahora, pero sin perder del todo su extrañeza característica.
Sin embargo, el álbum no está exento de problemas. Después de un inicio contundente con la canción homónima “Romance”, seguida de la energía nerviosa de “Starburster” y la intensidad de “Here’s the Thing”, el disco entra en un tramo medio más contemplativo. Canciones como “Desire”, “Motorcycle Boy” y “Bug” bajan considerablemente el ritmo, creando un pequeño valle en la narrativa musical del álbum. Para algunos oyentes, esta sección puede sentirse demasiado lenta, diluyendo la intensidad inicial.
También existe el inevitable debate entre los fans más puristas del post-punk. Aquellos que se enamoraron de Fontaines DC por la crudeza de Dogrel podrían percibir Romance como un disco demasiado pulido o incluso sobreproducido. La identidad de “banda de pub dublinés” que definía sus primeros años se transforma aquí en algo más global y estéticamente ambicioso.
Pero quizá esa sea precisamente la intención. Romance no busca repetir el pasado ni satisfacer la nostalgia. Es el sonido de una banda que entiende que evolucionar implica incomodar a algunos de sus seguidores. En un panorama donde muchas agrupaciones jóvenes se aferran a una fórmula, Fontaines DC decide arriesgar.
Y en ese riesgo se encuentra la verdadera fuerza de Romance: un álbum que mira al futuro sin miedo.
¿Sabías que?
El jadeo exagerado e intermitente que se escucha en el estribillo de “Starburster” no es solo un recurso estético o rítmico. Grian Chatten, el vocalista, escribió la canción basándose en un ataque de pánico muy fuerte que sufrió en la estación de tren de St. Pancras, en Londres. Ese sonido de respiración ahogada captura literalmente el momento en que sintió que el aire no le llegaba a los pulmones en medio de la multitud. ¡Convirtió un momento aterrador en la canción más explosiva del año!



