
La industria textil de Puebla reportó una caída de hasta 20% en ventas desde el segundo bimestre, presionada por costos, impuestos y competencia china.
La industria textil y del vestido en Puebla enfrenta un freno importante en 2026. Luego de un arranque positivo en enero y febrero, las ventas del sector cayeron hasta 20% a partir del segundo bimestre, golpeando a fábricas y talleres de la entidad en un momento ya marcado por altos costos operativos y una competencia cada vez más dura. Así lo señaló Jocelyn Jhaen, delegada en Puebla de la Asociación Mexicana de Productores del Vestido (AMPV), en declaraciones retomadas por La Jornada de Oriente.
De acuerdo con la representante del sector, el deterioro comenzó a notarse en marzo, después de un inicio de año con mejor dinamismo comercial. La caída, explicó, responde a una combinación de factores que van desde tensiones económicas internacionales hasta el encarecimiento de insumos, combustibles y cargas fiscales que reducen el margen de maniobra de los productores locales. En otras palabras, no solo cayó el consumo: también se volvió más caro producir.
Uno de los mayores problemas para la industria poblana es que opera bajo presión por ambos frentes. Por un lado, los fabricantes enfrentan aumentos en materias primas, gasolina, diésel, salarios y rentas. Por el otro, no pueden trasladar fácilmente esos incrementos al consumidor final porque compiten con mercancía asiática, especialmente china, que presiona los precios del mercado interno. Esa combinación ha dejado a numerosas empresas con utilidades cada vez más pequeñas y con menos capacidad para invertir en modernización o expansión.
Jhaen advirtió que entre 20 y 25 % de los gastos operativos de muchas empresas corresponde al transporte, incluyendo combustible, depreciación de vehículos y sueldos de choferes. Por ello, la AMPV impulsa alianzas con agencias automotrices para abaratar la compra de unidades y liberar recursos que puedan destinarse a telas, insumos y materia prima. El objetivo es reducir costos sin sacrificar calidad ni elevar el precio de las prendas, una estrategia que busca defender mercado frente a la informalidad y las importaciones baratas.
En el frente fiscal, la dirigente ubicó al ISR y al IVA entre las cargas que más pesan sobre las empresas, particularmente en aquellas que operan en inmuebles rentados. Sumado al aumento del salario mínimo y al alza sostenida de energéticos, el panorama se vuelve especialmente delicado para talleres pequeños y medianos, que suelen tener menor espalda financiera para absorber choques prolongados.
La expectativa del sector es que, si logra reducir parte de sus costos logísticos, pueda recuperar algo del terreno perdido en los próximos meses. Pero el mensaje de fondo es claro: la industria textil poblana no enfrenta un tropiezo aislado, sino una etapa de presión estructural que mezcla debilidad del consumo, competencia externa y costos internos cada vez más pesados.



