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Confessions II: ¿El regreso de la reina del pop?

Confessions II recupera el espíritu dance de Madonna con Stuart Price, aunque la falta de cohesión impide que alcance la grandeza de Confessions on a Dance Floor.

Dicen que uno siempre regresa a donde fue feliz. En la música sucede constantemente. Los artistas intentan reencontrarse con el sonido que los hizo famosos, no por falta de ideas, sino porque hay discos cuya sombra resulta imposible de ignorar. Y para Madonna, ese lugar siempre será Confessions on a Dance Floor.

Aquel álbum de 2005 no solo revitalizó su carrera; redefinió el pop electrónico de la época. Fue un disco concebido como una sesión continua de DJ, donde cada canción se fundía con la siguiente en un viaje ininterrumpido de disco, house y electrónica. Una obra que demostró que, incluso después de dos décadas dominando la industria, la Reina del Pop todavía podía marcar el camino.

Por eso, cuando llegó Confessions II, las expectativas eran inevitables.

Después de una etapa irregular, en la que Madonna parecía más preocupada por seguir tendencias que por crearlas, este nuevo trabajo representa un claro intento por recuperar esa identidad que tantas alegrías le (nos) dio. Y para lograrlo volvió a reunir al mejor aliado posible. El inigualable Stuart Price, el arquitecto sonoro detrás del primer Confessions, productor de The Killers, Dua Lipa y el rostro detrás de Les Rythmes Digitales.

La química entre ambos vuelve a sentirse desde el primer minuto, cuando el álbum abre con “I Feel So Free”, una declaración de intenciones construida sobre sintetizadores luminosos, líneas de bajo elegantes y un groove irresistible que remite inmediatamente al primer Confessions.

Canciones como “Danceteria” siguen ese mismo camino. Hay referencias claras al legado de “Vogue”, pero actualizadas con un pulso mucho más cercano al house contemporáneo. Madonna vuelve a sonar segura y divertida.

Musicalmente, Confessions II demuestra que Madonna sigue entendiendo cómo construir canciones de pop electrónico sofisticado sin caer en la nostalgia fácil. Stuart Price evita copiar el pasado y, en cambio, actualiza esa estética con sintetizadores modernos, bajos más profundos y una producción impecablemente limpia que recuerda por momentos al nu-disco y al house melódico actual.

Sin embargo, ahí también aparece su mayor debilidad.

Porque mientras Confessions on a Dance Floor funcionaba como un homenaje a la música disco, el concepto se notaba en todas las canciones utilizando samples de las mejores canciones de la época.

Sin embargo, eso no se ve en nuevo álbum, el cual alterna canciones explosivas con baladas electrónicas y medios tiempos que, aunque funcionan por separado, interrumpen el impulso que las mejores canciones consiguen construir. Justo cuando la energía alcanza su punto más alto, aparece un cambio de ritmo que enfría la experiencia y obliga al oyente a volver a empezar.

No se trata de que las baladas sean malas. De hecho, algunas muestran una Madonna mucho más madura musicalmente. El problema es que parecen pertenecer a otro disco.

Y cuando un álbum lleva la palabra Confessions en el título, inevitablemente uno espera un viaje continuo por la pista de baile. No esperando una nueva oda a la música disco, pero si pudo haber sido un homenaje a la electrónica.

Escuchado por sí solo, Confessions II es un regreso sólido. Madonna vuelve a sentirse cómoda sobre bases electrónicas, recupera parte de la confianza que parecía haber perdido en trabajos recientes y demuestra que sigue teniendo un oído privilegiado para rodearse de productores capaces de potenciar sus mejores virtudes.

Quizá no alcance la perfección de su antecesor.

Quizá nunca pudo hacerlo.

Pero también nos recuerda algo importante, por qué incluso cuando Madonna no reinventa el pop, sigue haciendo discos que la mayoría de los artistas actuales desearían firmar. Porque las segundas partes siempre cargan con el peso del recuerdo.

Y competir contra uno de los mejores álbumes de tu propia carrera probablemente sea el rival más difícil de vencer.

Soundwave

En Soundwave nos gusta desmenuzar y analizar la buena música, para contarte las historias que hay detrás de cada albúm.

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