
Algo raro pasa en el Estadio Cuauhtémoc. No importa quién juegue, cuánto cueste la plantilla o cuántas veces prometan “ahora sí viene el proyecto serio”. El Coloso de Maravillas parece tener una especie de maldición deportiva que convierte casi cualquier partido en una tarde triste, fría y, muchas veces, insufrible.
Hace más de tres décadas que el Puebla dejó de ser protagonista constante en la Liga MX, pero antes al menos existía algo sagrado: el ambiente. Los domingos al mediodía eran un ritual poblano. Sol pegando directo en la cara, cemitas afuera del estadio y una tribuna que empujaba como si cada partido fuera una final del mundo.
Hoy el inmueble luce espectacular por fuera. Es cómodo, imponente y sigue teniendo presencia de estadio mundialista. Pero entrando a la cancha, la sensación cambia rápido. El ambiente pesa menos que un amistoso de pretemporada y las tribunas suelen tener ese silencio incómodo de biblioteca pública… salvo cuando alguien se queja de los baños.
Claro, hubo excepciones que hicieron pensar que el gigante despertaba. Aquellas noches mágicas con Nicolás Larcamón, los repechajes ante Chivas o ese inesperado pase a Semifinales lograron devolverle algo de alma al estadio. Durante unos meses, el Cuauhtémoc volvió a rugir como en sus mejores tiempos.
Pero fueron destellos. Lo demás ha sido una colección larguísima de empates sin chiste, derrotas grises y partidos que parecen castigo divino para quien decidió pagar boleto. Incluso la Selección Mexicana cayó en el embrujo poblano con aquel tristísimo empate ante Valencia, un equipo que en España andaba más ocupado evitando el descenso que jugando bonito.
Ni Cruz Azul pudo escapar del hechizo. La Máquina encontró refugio temporal en Puebla y parecía que el Cuauhtémoc sería tierra de resurrección celeste. Pero la historia terminó como casi siempre termina aquí: con eliminación, frustración y técnicos saliendo por la puerta de atrás, incluido el propio Larcamón.
El dato más cruel quizá sea este: el último título oficial que levantó el Puebla no fue en el Cuauhtémoc. Fue en el Estadio Olímpico BUAP, aquella noche donde la Franja venció a Chivas para quedarse con la Copa MX. Como si hasta los trofeos supieran que últimamente conviene mantenerse lejos del dos veces mundialista.
Sí, las directivas tienen mucha culpa con proyectos improvisados, plantillas parchadas y decisiones difíciles de explicar sin un meme de por medio. Pero algo tiene este estadio que ya no enciende igual. El Cuauhtémoc sigue siendo hermoso, histórico y enorme… aunque últimamente también parece el lugar donde el futbol viene a apagar sus luces.



