
La disputa territorial entre los municipios de Puebla y las Cholulas genera un caos burocrático donde todos cobran impuestos, pero nadie responde por los servicios.
Vivir en la zona conurbada de Puebla tiene una ventaja: prácticamente todo queda cerca. El problema aparece cuando toca saber quién gobierna realmente una calle, una colonia o hasta una banqueta. Ahí comienza el eterno laberinto burocrático poblano.
La disputa entre Puebla capital, San Andrés Cholula, San Pedro Cholula y Cuautlancingo no es nueva. De hecho, lleva décadas arrastrándose entre decretos viejos, mapas ambiguos y desarrollos inmobiliarios que crecieron mucho más rápido que la planeación urbana.
El origen del conflicto se remonta a los años sesenta, cuando la ciudad comenzó a expandirse hacia municipios vecinos. El famoso decreto territorial de 1962 intentó poner orden, pero la explosión urbana terminó convirtiendo aquellos límites en simples referencias borrosas.
¿De quién es esta calle?
El conflicto territorial entre municipios de la zona conurbada de Puebla
Cargando límites municipales desde OpenStreetMap…
Con el boom de Angelópolis, Zavaleta y Lomas de Angelópolis, el problema se volvió todavía más rentable. Centros comerciales, universidades, agencias y fraccionamientos de lujo transformaron la disputa territorial en una auténtica pelea por el dinero.
Durante años, esta zona enfrentó legalmente a Puebla y San Andrés Cholula por más de ocho kilómetros cuadrados. Aunque el Congreso estatal resolvió parte del conflicto en 2013, los huecos territoriales siguen vivos en varias zonas de la mancha urbana.
Zavaleta es quizá el ejemplo más claro de este caos. Comercios y vecinos han denunciado que inspectores de distintos municipios llegan a cobrar permisos, licencias o prediales como si cada uno tuviera la razón absoluta sobre la misma calle.
El resultado parece absurdo, pero ocurre. Hay vecinos que pagan impuestos en un municipio mientras el servicio de basura depende de otro. En algunos casos, ambos ayuntamientos reclaman pagos bajo amenazas de multas o clausuras.
Pero el problema deja de ser cómico cuando entra la seguridad pública. Vecinos de Zavaleta, Camino Real y la Recta a Cholula aseguran que, tras robos o asaltos, las patrullas suelen “echarse la bolita” sobre quién debe intervenir.
Algo similar ocurre con emergencias y accidentes. Un choque o incendio en las zonas limítrofes puede convertirse en un juego de teléfono descompuesto entre cabinas de radio, mientras ambulancias y bomberos tardan más tiempo en llegar.
Aunque existen convenios metropolitanos y acuerdos de coordinación, la realidad diaria sigue atrapada entre fronteras invisibles. En Puebla, hay zonas donde todos quieren cobrar… pero cuando toca responder, nadie parece saber de quién es la calle.



