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CFE no puede sola, y fingir que sí nos va a costar el crecimiento

Con utilidades que se desploman, deuda de 501 mil millones y un soberano sin holgura fiscal, la expansión eléctrica de México exige inversión privada con reglas claras.

CFE perdió 23,310 millones de pesos en el tercer trimestre y, aun así, presume una utilidad acumulada de 24,313 millones en lo que va del año. Las dos cifras son ciertas. Por eso conviene dejar de mirar la utilidad neta, el número más sensible al tipo de cambio, y preguntar lo que realmente importa. ¿Puede esta empresa financiar sola la expansión eléctrica que México necesita? No puede.

A septiembre del 2026, la utilidad neta cayó 80.6%: de 125.1 a 24.3 mmdp, según el IMCO.

La operación no se hundió (la utilidad operativa fue de 90.5 mmdp, 11% menos). Lo que cambió es que en 2025 una ganancia cambiaria de 96.9 mmdp tapó el hueco y este año apenas llegó a 1.3 mmdp. Sin esa ayuda, el resultado financiero pasaría de aportar 30 mil millones a restar 56 mil. Ese es el perfil real de la empresa.

El balance confirma el problema. La deuda financiera suma 501.3 mmdp. El pasivo laboral, 555.6 mmdp, creció 25.7% en un año y ya supera a toda la deuda. El subsidio federal, de 79 mmdp, equivale a cerca de la mitad del EBITDA que reporta CFE. Un negocio que depende así del erario no es autosuficiente.

Las agencias crediticias lo ven igual. Moody’s y Fitch ubican a CFE en el último escalón del grado de inversión, y su perfil propio, sin respaldo del gobierno, queda por debajo (ba3 y bb−, respectivamente).

La calificación de CFE descansa en el soberano. Y el soberano, según Moody’s al bajar la calificación de México en mayo, ha visto debilitarse su fortaleza fiscal, con el apoyo recurrente a Pemex entre los riesgos. La garantía de CFE es un país que tampoco tiene margen de maniobra.

Sin embargo, hay un contraargumento serio y hay que reconocerlo. CFE sostiene que su margen EBITDA superó 30% por seis trimestres consecutivos y que su patrimonio creció 26.2%. Es cierto, y significa que no está en quiebra. Pero ser solvente no equivale a poder pagar un plan de capital de alrededor de 30 mil millones de dólares hasta 2030, la cifra que Moody’s considera.

Aquí el tema es que la empresa puede estar sana y aun así ser insuficiente para los retos energéticos que tiene el país.

Mientras tanto, la demanda de energía del país no espera. El propio IMCO advirtió en julio que la planeación oficial se quedó corta frente a la demanda eléctrica esperada para 2030. Cada línea de transmisión y cada central que se retrasa es crecimiento que México deja de capturar.

Seguir esperando que CFE desarrolle por sí sola lo que el país necesita en energía para crecer no tiene sentido.

La salida es abrir la cancha a la inversión privada y mixta, con permisos ágiles, reglas de despacho claras y contratos que den certidumbre. CFE debe conservar un papel central, sobre todo en la red y en el respaldo del sistema, pero ya no puede ser el único bolsillo de la expansión.

Esperar un milagro financiero de la empresa es decidir, por omisión, que el país crezca más lento.

Gabriel Becerra

Gabriel Becerra Dingler es comunicador, mercadólogo y emprendedor mexicano especializado en comunicación estratégica, periodismo y desarrollo de contenidos para los sectores energético, industrial y económico.

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