Gabriel BecerraOpinión

Pemex y la Tormenta Perfecta

Pemex cometió un grave error estratégico al abandonar la extracción de crudo por la refinación. Hoy, la crisis mundial expone nuestra peligrosa dependencia de importaciones.

El reciente análisis del Wall Street Journal (WSJ) sobre la disrupción del mercado petrolero global ha puesto el dedo en una llaga que México ha intentado ignorar durante años.

La escalada bélica en Irán y el consecuente bloqueo en el Estrecho de Ormuz han borrado de un plumazo casi el 15% del suministro mundial de crudo, disparando el barril por encima de los 100 dólares. En este escenario, un país con vastas reservas petroleras debería estar capitalizando una bonanza histórica. S

in embargo, México se encuentra del lado de los perdedores, enfrentando una de sus peores vulnerabilidades económicas. ¿La razón? Un error estratégico monumental de Petróleos Mexicanos (Pemex): abandonar el enfoque en la producción y extracción de crudo.

La paradoja mexicana es dolorosamente clara. Somos un país petrolero cuya producción de crudo ha caído de forma sostenida, obligándonos a depender críticamente de la importación de gasolina y diésel, provenientes en su mayoría de la Costa del Golfo en Estados Unidos. Al desviar los recursos operativos y financieros hacia el quimérico sueño de la refinación interna, Pemex descuidó su negocio más rentable y estratégico: sacar petróleo del subsuelo.

Como bien señala el WSJ, esta desconexión entre lo que México tiene en el subsuelo y lo que realmente produce expone al país a una tormenta perfecta:

Encarecimiento en cadena: El crudo caro no se traduce en ingresos extraordinarios para México por falta de volumen de exportación, pero sí encarece toda la cadena logística y productiva del país.

Importaciones a precio de oro: Compramos combustibles refinados en Estados Unidos a precios exorbitantes dictados por la crisis internacional.

El factor geopolítico: La dependencia deja a México a merced de la política interna estadounidense.

Este último punto es el más alarmante. Con Donald Trump nuevamente en la Casa Blanca —y demostrando su dureza inmediata con recientes órdenes ejecutivas sobre migración—, la amenaza de un cierre de válvulas no es una simple especulación. Si la administración estadounidense decide restringir las exportaciones de combustible para blindar su propio mercado interno, México se quedaría sin gasolina, sin proveedores alternativos inmediatos y con el país paralizado.

La defensa oficial argumenta que, precisamente por esto, la apuesta por la “soberanía energética” a través de la refinación era necesaria. En el papel, la idea de procesar nuestros propios combustibles tiene lógica. El problema crítico, y el error estratégico de Pemex, radica en el factor tiempo y en la viabilidad económica.

Construir y rehabilitar un sistema de refinación toma años y consume miles de millones de dólares; la crisis geopolítica, sin embargo, ya nos alcanzó. Mientras naciones como China pasaron la última década diversificando su matriz energética, apostando por autos eléctricos y reduciendo su exposición al crudo, México se aferró a un modelo del siglo XX.

El WSJ es tajante. El país necesita urgentemente diversificar sus rutas de exportación y reactivar frentes abandonados, como el desarrollo del gas shale, algo que la actual política energética ha satanizado y postergado.

Para los mexicanos, el desenlace de este error de cálculo corporativo y gubernamental es inevitable: una presión asfixiante sobre el precio de la gasolina. Aunque el gobierno intente mitigar el impacto mediante subsidios a los combustibles, el margen de maniobra de las finanzas públicas es raquítico. Pemex ya es un lastre fiscal, y absorber el diferencial de precios de un crudo internacional por las nubes es una estrategia insostenible.

La guerra en Irán no creó la crisis energética de México; simplemente hizo imposible seguir ocultando las grietas de una estrategia equivocada. Pemex apostó sus fichas a la refinación perdiendo de vista su verdadero valor en la extracción, y hoy, con el barril a más de 100 dólares, el país paga el precio de no tener petróleo suficiente ni para vender, ni para sobrevivir sin el vecino del norte.

Gabriel Becerra

Gabriel Becerra Dingler es comunicador, mercadólogo y emprendedor mexicano especializado en comunicación estratégica, periodismo y desarrollo de contenidos para los sectores energético, industrial y económico.

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