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El territorialismo urbano: la psicología tras los obstáculos en la calle

Colocar bloques y cadenas en Puebla refleja la psicología de apropiación del espacio público, donde la necesidad económica y el territorialismo desafían el libre tránsito.

Cadenas, bloques de concreto, mallas ciclónicas y rejas improvisadas forman parte del paisaje cotidiano en diversas colonias de Puebla. En zonas como la Unidad Habitacional La Margarita, San Ramón, San Jorge y Agua Azul, la apropiación de banquetas y arroyos vehiculares se ha vuelto una práctica habitual. Entre octubre de 2025 y julio de 2026, la Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano municipal retiró 53 estructuras ilegales destinadas a bloquear el paso. Sin embargo, más allá de la infracción al reglamento, este fenómeno revela un complejo comportamiento psicológico y social: el territorialismo urbano.

En la psicología ambiental y la sociología urbana, la calle se concibe como un espacio neutro de interacción comunitaria. No obstante, cuando los ciudadanos perciben inseguridad, falta de recursos o una oportunidad económica, surge el impulso de “marcar el territorio”. La colocación de obstáculos físicos responde al deseo inconsciente de extender la propiedad privada hacia la vía pública, transformando un bien colectivo en un feudo individual.

En el contexto poblano, este comportamiento está fuertemente motivado por la economía informal y el comercio establecido. La secretaria de Gestión y Desarrollo Urbano, Karina Romero Sainz, señaló que la causa principal para instalar casetas o bloques es la venta de alimentos y la exhibición de mercancías. Tanto comerciantes informales como negocios fijos buscan expandir sus metros cuadrados a costa del peatón y del automovilista, justificando la invasión bajo la premisa de la subsistencia económica o el crecimiento comercial. En términos psicológicos, opera un sesgo de normalización: cuando un vecino observa que otro adueña un fragmento de la calle sin consecuencia inmediata, la conducta se replica hasta convertirse en una norma social no escrita.

Esta apropiación genera una distorsión en la percepción del derecho colectivo. El habitante que coloca una cadena o una estructura no suele verse a sí mismo como un infractor, sino como un protector de su espacio o de su fuente de ingresos. Se crea así una frontera psicológica donde “lo público” es interpretado como “lo de nadie” y, por ende, disponible para ser tomado.

Los operativos aleatorios del Ayuntamiento de Puebla buscan frenar esta problemática mediante la remoción de estructuras, notificaciones, amonestaciones y sanciones reincidentes. Asimismo, la autoridad intenta canalizar a los comerciantes informales hacia tianguis autorizados o módulos temporales para desactivar la causa económica subyacente.

Sin embargo, el reto no es únicamente normativo, sino cultural y comunitario. Retirar una malla o un bloque resuelve el bloqueo físico, pero no elimina la creencia arraigada de que la calle pertenece a quien la ocupa primero. Restablecer el libre tránsito en las unidades habitacionales exige reconciliar a la ciudadanía con el concepto de lo público, entendiendo que la banqueta no es la extensión del negocio ni del hogar, sino el espacio donde todos convivimos.

Gabriel Becerra

Gabriel Becerra Dingler es comunicador, mercadólogo y emprendedor mexicano especializado en comunicación estratégica, periodismo y desarrollo de contenidos para los sectores energético, industrial y económico.

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