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Plaza Dorada, donde los poblanos aprendieron a “ir de compras”

Inaugurada en 1979, Plaza Dorada transformó el comercio en Puebla. Fue el primer centro comercial moderno de la ciudad, convirtiéndose en un entrañable referente urbano.

Antes de Angelópolis, antes de las plazas gigantes y mucho antes de las tiendas de lujo, Puebla tuvo un sitio que cambió para siempre la forma de pasear, comprar y hasta convivir: Plaza Dorada.

Hoy parece normal caminar bajo techo entre aparadores y cafeterías, pero a finales de los años 70 aquello era casi ciencia ficción para una ciudad acostumbrada al comercio del Centro Histórico.

El terreno donde nació la plaza ni siquiera tenía pinta de convertirse en ícono urbano. Era la antigua Ladrillera de Benítez, una zona ubicada cerca de los márgenes del viejo río San Francisco.

Con el crecimiento de Puebla y la aparición del Bulevar 5 de Mayo, varios empresarios vieron la oportunidad perfecta para traer a la ciudad un modelo comercial que ya triunfaba en Guadalajara.

La obra arrancó en febrero de 1979 y avanzó a velocidad sorprendente. En apenas 11 meses levantaron un complejo moderno que rompía completamente con la imagen tradicional poblana.

Cuando Plaza Dorada abrió sus puertas el 16 de noviembre de ese año, prácticamente paralizó a la ciudad. Miles llegaron solo para conocer sus pasillos iluminados, fuentes y enormes jardineras interiores.

Gigante fue la tienda estrella de aquella inauguración, acompañada de negocios que todavía viven en la memoria de muchas familias poblanas, como París Londres, Infantiles Rodríguez y Zapaterías Sorrento.

Durante los años 80 y 90, Plaza Dorada se convirtió en el gran ritual dominical. Ir por un helado, comer en la zona rápida o simplemente “dar la vuelta” era parte obligada de la vida poblana.

Las salas de cine terminaron por consolidar su fama entre adolescentes y familias. Para muchos poblanos, ahí estuvieron las primeras citas, las primeras películas y hasta las primeras vueltas sin supervisión.

Aunque después llegaron plazas más grandes y modernas, Plaza Dorada nunca desapareció del mapa emocional de Puebla. Sigue ahí, resistiendo al tiempo como el primer gran monumento comercial de la ciudad.

Gustavo Miron

Periodista con 20 años de experiencia y apasionado por la evolución de los medios. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, ha dedicado su carrera a descifrar la complejidad de la política y la administración pública, sin dejar de lado la pasión de la crónica deportiva. Se define como un profesional en constante aprendizaje, siempre en busca de herramientas tecnológicas de vanguardia para conectar mejor con la audiencia actual.

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